Fritz Lang en dos reseñas demoledoras de Gabriel García Márquez

Dos críticas cinematográficas del escritor colombiano sobre la obra tardía de Fritz Lang.

Fritz Lang
Por:
Centro Gabo

“Del buen director que fue Fritz Lang en los comienzos del cine, queda realmente muy poco”. Esta es una frase que Gabriel García Márquez escribió en una de las tantas críticas cinematográficas que publicó para el periódico El Espectador a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX. El joven escritor colombiano tenía entonces una columna titulada “El cine en Bogotá. Estrenos de la semana”, en la que comentaba sus impresiones de las películas que se proyectaban en los teatros de la capital.

Durante esta etapa, la obra tardía de Fritz Lang fue reseñada en dos ocasiones: el 8 de mayo de 1954, luego de que García Márquez viera Los sobornados, y el 27 de diciembre de aquel mismo año, tras el estreno de La bestia humana. En ambos momentos, García Márquez fue demoledor con el cineasta austríaco: afirmó que aquellos largometrajes eran indignos de su director y que no estaban a la altura de su obra anterior, especialmente la de fines de las décadas de los veinte y treinta, período en el que Lang edificó todo su prestigio como artista, gracias a películas como Metrópolis (1927), considerada una de las mejores muestras del cine expresionista alemán.

En el Centro Gabo hemos identificado estas dos reseñas de García Márquez sobre dos filmes de Fritz Lang. Las compartimos contigo:

 

Los sobornados

 

Los sobornados, cuyo título original en inglés es The Big Heat, fue una película que García Márquez repudió más por su guion que por la dirección de Lang. Pensaba que Sydney Boehm, el guionista, había escrito una historia demasiado ambiciosa que terminó por “apretar poco” en su afán de “abarcar mucho”, razón por la cual quedaron varios cabos sueltos, algo imperdonable en un thriller policial. Además, Gabo señaló el tratamiento del rostro de la actriz Gloria Graham como una chapucería indigna de la experiencia de Lang.

A pesar de estas duras apreciaciones, en 2011 Los sobornados fue incluida en dentro del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por su importancia cultural, histórica y estética en el desarrollo del séptimo arte. 

 

Otra película estropeada por el guion: Los sobornados, de Fritz Lang, con Glenn Ford, Gloria Graham y Joselyn Brando. El mismo director de La mujer del cuadro en la que la inteligencia del libreto y la intachable conducción de la intriga jugaron el papel decisivo, se ha visto enfrentado en Los sobornados a un guion ambicioso, que apretó muy poco por tratar de abarcar demasiado, de manera que el resultado fue una anécdota policíaca con pretensiones políticas en la que los múltiples cabos sueltos de la intriga dispersan la atención del público y restan intensidad al drama.

     Glenn Ford, a quien las estadísticas atribuyen la gloria de ser el actor que mayor número de bofetadas ha dado a sus compañeras de actuación, encarna en esta película a un teniente de la policía secreta dispuesto a desenmascarar al poderoso sindicato del crimen de Chicago, a pesar de que sus miembros manejan desde los bastidores toda la organización política de la ciudad. Como un calamar en su tinta, Glenn Ford realiza un trabajo sólido y apasionante, metiéndole las cabras en el corral a sus adversarios. Pero eso no basta, y menos en las películas policíacas, que son tal vez las únicas en que el argumento necesariamente debe tener una textura apretada y firme.

     Es preciso reconocer, sin embargo, que el director Lang y el primer actor, Glenn Ford, superaron hasta donde fue posible las posibilidades del guion y salvaron la obra de la mediocridad, pero sin que ese esfuerzo hubiera podido hacer de ella -era materialmente imposible- una buena película.

     El vulgar tratamiento del rostro de Gloria Graham, horriblemente ampollado por un baño de café hirviendo, es un recurso indigno de su director cuya experiencia y cuyo prestigio están bien cimentados desde la edad de piedra del cine.

 

La bestia humana

 

El argumento de La bestia humana, cuyo título original es Human Desire,parte de la novela homónima del escritor francés Émile Zola. Ya en 1938, seis años antes de su estreno, el cineasta Jean Renoir había rodado su propia adaptación del libro, algo que García Márquez tuvo en cuenta al momento de criticar el trabajo de Lang. El de Renoir, escribió Gabo, es un largometraje bien logrado, no sólo por los aciertos en la dirección, sino también por la actuación de Jean Gabin y la recreación exitosa de la hostilidad del escenario ferroviario francés. En el filme de Lang, en cambio, los personajes interpretados por Gloria Graham y Glenn Ford carecen de profundidad sicológica, y la brutalidad del mundo de las locomotoras francesas se dulcifica equívocamente con la introducción de los trenes eléctricos estadounidenses.

Ninguno de estos reparos hizo mella en la decisión que tomó la Academy Foundation en 1997 de preservar La bestia humana de Lang en el Academy Film Archive.  

 

Con base en la popular novela de Emilio Zola, el veterano director Fritz Lang ha hecho una nueva versión de La bestia humana, que ya había sido definitivamente lograda por Jean Renoir, con la actuación de Jean Gabin. Broderick Crawford es la bestia humana en la versión de Fritz Lang, y es ése el único personaje psicológicamente impecable que ha conseguido el director alemán en esta película. El personaje femenino, interpretado por Gloria Graham, es psicológicamente un poco confuso, inseguro, aunque evidentemente no es ésa una falla de actuación sino de dirección. Igual cosa hay que decir del personaje interpretado por Glenn Ford, que no pasa de ser un carácter abstracto, superficial, sin raíces psicológicas en el cuerpo del drama. Como lo presenta Fritz Lang, el crudo conductor de locomotoras de Zola -tan bien interpretado por Renoir- es un personaje anecdótico. Y el duro y un poco brutal ambiente de los ferroviarios se desvirtúa notablemente al reemplazar las monstruosas y primitivas locomotoras de Francia por los trenes eléctricos de Estados Unidos.

     Sin embargo, La bestia humana es una película mediocre apenas por comparación con la obra de Renoir. Individualmente tiene valores muy apreciables, especialmente desde el punto de vista técnico. Los efectos sonoros que pretenden subrayar con el ruido de los trenes algunas situaciones psicológicas o que determinan la culminación de ciertos instantes dramáticos son de una innegable eficacia. Pero del buen director que fue Fritz Lang en los comienzos del cine, queda realmente muy poco. Incluso el personaje de Broderick Crawford -que es uno de los méritos de esta película- parece debido enteramente a la inteligencia y a la comprensión del grande actor, y en ningún caso a la dirección.