Musa paradisíaca. Shakira y Gabo, dos voces universales. Lado A

Lado A de las doce canciones compuestas por Shakira que conversan con el universo narrativo de Gabriel García Márquez.

Shakira y Gabo
Diseño de ilustración: Julio Villadiego / Fundación Gabo
Por:
Centro Gabo

Gabriel García Márquez y Shakira son dos personalidades del Caribe colombiano cuyas obras han alcanzado, a través de los años, un carácter universal. Desde una misma región cultural y siguiendo un estilo propio que reivindica el territorio, los conocimientos ancestrales, la libertad del cuerpo y la diversidad, ambos artistas crearon un universo narrativo que trascendió su época y se ha instalado en la memoria y el imaginario popular de varias generaciones del mundo entero.

“Nada de lo que se diga o no se diga de Shakira podrá ya cambiar su rumbo de artista grande e imparable”, escribió García Márquez en 2001, dos años después de publicar un perfil de la cantante en la revista Cambio. Este año, esa trayectoria hacia la grandeza la llevó a crear Makondo Park, un recinto cultural inmersivo de 220.000 metros cuadrados al sur de Madrid en el que ofrecerá doce conciertos, un número que coincide con los doce cuentos peregrinos en los que García Márquez relató la vida de los migrantes latinoamericanos en Europa.    

En el marco de esta residencia musical y a pocos meses de cumplirse el centenario de Gabriel García Márquez, la Fundación Gabo ha propuesto el álbum Musa paradisíaca, un proyecto en el que se antologan doce canciones de Shakira que se relacionan con la vida, obra y legado de García Márquez. Esta es una iniciativa que busca evidenciar los fuertes vínculos que unen a la música y la literatura con la identidad y la memoria cultural del Caribe colombiano.

Compartimos contigo el Lado A de este álbum:

 

“Pies descalzos, sueños blancos” (Pies descalzos, 1995) 

Descalza y casi siempre desnuda, Remedios, la bella, madura sin cruces a cuestas y en medio de “sueños sin pesadillas” que se parecen mucho a los “sueños blancos” de la raza antigua mencionada por Shakira. El emblemático personaje de García Márquez rompe con cada uno de los formalismos y convenciones heteropatriarcales enumerados en la canción: se acuesta y despierta a la hora que le place, contesta y siente lo que quiere, come con las manos y se chupa los dedos, no usa medias veladas y jamás se casa, ni antes ni después de los treinta. Cuando sus familiares la atosigan para que se peine el cabello que ya le llega hasta las pantorrillas, ella decide raparse la cabeza y fabricarles pelucas a los santos de cera que adornan la casa de los Buendía.

 

 

“Vuelve” (Pies descalzos, 1995)

Crónica de seres solitarios que ven pasar el tiempo bajo un diluvio universal. En Macondo, después de la masacre de los trabajadores de la compañía bananera, llueve durante cuatro años, once meses y dos días: un aguacero bíblico que consuma la decadencia del pueblo. Shakira plantea, por su parte, un drama más íntimo sobre la ausencia, el llanto y el cansancio de esperar: “Busco algo que pueda contestar, porque estoy cansada de pensar cómo es que transcurren los segundos y yo sobrevivo a este diluvio universal”.

 

“Ciega, Sordomuda” (¿Dónde están los ladrones?, 1998)

Un recuento de los estragos físicos que el deseo y el amor desaforados producen en las personas. En Del amor y otros demonios, Bernarda Cabrera, la esposa sin títulos del marqués de Casalduero, cae en desgracia cuando conoce a Judas Iscariote: su obsesión por él extingue su belleza y sus habilidades comerciales, y la condena a una vida promiscua y dependiente de la miel fermentada y las tabletas de cacao. En la letra de “Ciega, Sordomuda”, Shakira también enfatiza en esta especie de degradación, al referirse a una mujer que, debido a su pasión amorosa, termina “ojerosa, flaca, fea, desgreñada, torpe, tonta, lenta, necia, desquiciada, completamente descontrolada”. Algo similar ocurre en El amor en los tiempos del cólera, una novela en donde los síntomas del amor son semejantes a los que experimentan los enfermos de cólera.

 

“¿Dónde están los ladrones?” (¿Dónde están los ladrones?, 1998)

Narraciones protagonizadas por ladrones y otros tipos de robo. A modo de crítica social, Shakira compuso una canción en la que desfilan ladrones que se pasean por las calles de París, dan vueltas en los juzgados, invaden el patio del vecino, predican en las iglesias y reparten ministerios en reuniones de políticos. García Márquez se centró en los ladrones pobres de buen corazón. Su cuento “En este pueblo no hay ladrones”, publicado por primera vez en la revista Mito en 1960, y el guion televisivo de “Ladrón de sábado” (coescrito junto a Consuelo Garrido) son muestras de ello.

 

“Octavo día” (¿Dónde están los ladrones?, 1998)

Relatos de dioses destronados y desempleados. En Cien años de soledad, García Márquez escribió que, durante sus últimos y delirantes años de vida, el padre Antonio Isabel afirmaba desde el púlpito que el diablo había ganado la rebelión contra Dios y que era él quien estaba sentado en el trono celeste, sin revelar su verdadera identidad para atrapar a los incautos. El dios de esta canción de Shakira tampoco tiene trono y transita, desempleado, por un mundo sumido en un “desorden infernal”.

 

“Ojos así” (¿Dónde están los ladrones?, 1998)

Melquíades, un gitano de barba montaraz y manos de gorrión, tiene una mirada asiática que parece conocer el otro lado de las cosas. El narrador de Cien años de soledad lo describe como un trotamundos que sobrevivió a la pelagra en Persia, al escorbuto en el archipiélago de Malasia, a la lepra en Alejandría, al beriberi en el Japón, a la peste bubónica en Madagascar, al terremoto de Sicilia y a un naufragio multitudinario en el estrecho de Magallanes. Tan gitanos y únicos como estos, están los ojos negros que menciona Shakira. Los viajes que Melquíades lleva a cabo alrededor del planeta, los hace la cantante colombiana buscando en vano otros ojos parecidos: desde Baréin hasta Beirut, desde el norte hasta el Polo Sur.

 

 

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