La plaza real donde vivió Fermina Daza, una de las protagonistas de El amor en los tiempos del cólera

El lugar de Cartagena donde García Márquez se inspiró para crear el Parque de los Evangelios.

Ilustración de la Plaza Fernández de Madrid
Por:
Centro Gabo

A principios de la década de los ochenta, cuando Gabriel García Márquez imaginó el lugar en donde transcurriría la trama de El amor en los tiempos del cólera, pensó en varias ciudades del Caribe: Barranquilla, Santa Marta, Veracruz, La Habana, Santo Domingo y Cartagena. De todas esas, Cartagena fue la que le proporcionó el mayor número de puntos de referencia, hasta el punto de que la novela parece estar situada, efectivamente, en la Cartagena de aires republicanos del siglo XIX.

Para lograr esta empresa en la que acomodaba la ficción literaria a la realidad, García Márquez seguía una extraordinaria rutina de trabajo: escribía desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde en su apartamento de El Laguito, un barrio cartagenero de clase alta. Luego, cuando el sol comenzaba a ocultarse, paseaba por las calles de la ciudad en busca de historias y sitios idóneos para sus personajes, de manera que al día siguiente tenía más “material fresco” con el que seguir contando su drama de amores contrariados. La literatura brotaba entonces sobre los cimientos que ofrecía el ambiente urbano de Cartagena.

“Tenía dos ciudades: aquella de la realidad y aquella de la novela”, dijo el escritor en octubre de 1987 durante una entrevista con Raymond Williams para la Universidad de Colorado en Boulder. “La última no podía ser igual a la de la realidad porque un novelista no puede copiar una ciudad. ¿Ha notado usted lo que hizo Flaubert con las distancias entre los distintos lugares en París? Usted se da cuenta de que los escritores franceses hacen que sus personajes tomen paseos imposibles. Es una poetización del espacio. Por supuesto, uno puede eliminar un viaje inútil, y yo hice lo mismo en Cartagena. No solo eso, cuando necesitaba algo de otras ciudades, lo llevé a Cartagena”.

En ese sentido, el Parque de los Evangelios, el lugar donde Gabo ubicó la casa de soltera de Fermina Daza, está inspirado en un sitio real: la actual Plaza Fernández de Madrid. En los tiempos coloniales, cuando la Corona Española construyó en este sitio el jagüey real para que se abastecieran de agua los barrios de San Sebastián, Santa Catalina y Nuestra Señora de la Merced, el lugar empezó a ser conocido como Plaza de los Jagüeyes. Posteriormente, en 1753, cuando fue terminada la Iglesia de Santo Toribio, la Plaza comenzó a llamarse Plaza de Santo Toribio. En 1850, por acuerdo del Concejo de la ciudad, a tono con los intentos de cambios de la nomenclatura colonial por la republicana, fue denominada como Plaza Santander. Sin embargo, ese nombre no tuvo ningún eco. El 19 de febrero del año 1889, gracias a la gestión del presidente Rafael Núñez, se inauguró la escultura del prócer cartagenero José Fernández de Madrid para celebrar el centenario de su nacimiento y, desde entonces, recibió el nombre de Plaza José Fernández de Madrid.

En la Plaza Fernández de Madrid, rebautizada en El amor en los tiempos del cólera como Parque de los Evangelios, Fermina Daza halló un sitio ideal a su carácter. Así se lo contó García Márquez a Silvia Lemus en una entrevista televisiva grabada desde uno de los escaños de la propia plaza, en diciembre de 1993. “El nombre de Plaza de los Evangelios se lo puse a esta plaza en un momento en que no sabía cuál plaza de Cartagena iba a ser la plaza donde vivía Fermina Daza. Es curioso: en la novela, para mí, era más la plaza de los Evangelios que la plaza de Santo Toribio, que es el nombre que tuvo originalmente en la Colonia. Durante la República se le cambió el nombre y ahora se llama la plaza Fernández Madrid, el héroe de la estatua”, afirmó el escritor. “Conociendo a Cartagena y sabiendo ya cómo era el personaje de Fermina Daza, pienso que el lugar donde tenía que vivir era aquí. No era creíble que viviera en otro lugar”.