6 reflexiones de Gabriel García Márquez sobre Franz Kafka, “un profeta del siglo XX”

Seis reflexiones del escritor colombiano sobre Franz Kafka.

García Márquez y Kafka

Una noche de septiembre de 1947, cuando Gabriel García Márquez cursaba su primer año de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia, un amigo le prestó La metamorfosis, de Franz Kafka. Hasta ese momento, García Márquez jamás había leído al autor checo, cuyas historias escritas en alemán empezaban a ser traducidas cada vez más al español por las editoriales latinoamericanas. Esta vez, la traducción que llegó a sus manos era de la editorial Losada y estaba falsamente atribuida a Jorge Luis Borges.    

Gabo subió las escaleras de su pensión estudiantil en Bogotá, entró a su habitación y se tumbó en la cama a leer el extraordinario relato sobre Gregorio Samsa. La primera línea, en la que el protagonista despierta en su dormitorio convertido en un gigantesco insecto, lo impresionó tanto que no soltó el libro hasta llegar a la última página. “Cuando leí eso, pensé para mis adentros que no sabía que alguien pudiera escribir cosas así. Si lo hubiera sabido, habría empezado a escribir mucho tiempo antes”, declararía varias décadas más tarde a The Paris Review.

Al día siguiente de esa lectura universitaria, iluminado por el genio creativo de Kafka, se sentó a escribir su primer cuento, “La tercera resignación”, que envió poco después a la página cultural Fin de Semana del diario El Espectador. El texto se publicó el 13 de septiembre de 1947 y fue el punto de partida para una serie de historias de entramado lírico e intelectual con las que el joven narrador colombiano comenzaría su carrera literaria, y que luego se compilarían en el libro titulado Ojos de perro azul.

En García Márquez: Historia de un deicidio, a propósito de la génesis de estos cuentos, Mario Vargas Llosa escribió: “Un rasgo sorprende, sobre todo, en estos textos por ser tan ajeno a la obra posterior: el intelectualismo. Un mundo de una extremada sofisticación, lleno de tics y remedos literarios es el de estos relatos fríos y sin humor, escritos, los primeros, bajo la devastadora impresión de Kafka, y, los últimos, bajo la (también devastadora) de Faulkner”.

Conscientes de la importancia que tuvo la etapa kafkiana de García Márquez en toda su trayectoria como escritor, en el Centro Gabo hemos recopilado seis reflexiones suyas sobre Franz Kafka. Las compartimos contigo:     

 

1. El profeta indiscutido del siglo XX

 

Kafka es el único autor absolutamente indiscutido que hay en este siglo. Hay a quien no le gusta, pero nadie te dice que es un mal escritor. Kafka es indiscutido, y, además, es el profeta de nuestro tiempo. Sin embargo, su influencia en mí termina por ser más bien técnica: de cómo se cuenta el cuento.

 

Encuentro con Gabriel García Márquez. Juan Luis Cebrián, 1989.

 

2. Un Kafka inspirador

 

En la universidad, en Bogotá, empecé a hacerme de nuevos amigos y conocidos, que me iniciaron en la lectura de escritores contemporáneos. Una noche un amigo me prestó un libro de relatos de Franz Kafka. Volví a la pensión donde vivía y empecé a leer La metamorfosis. La primera línea casi me arrojó de la cama. Estaba tan sorprendido. La primera línea dice: «Cuando Gregorio Samsa despertó esa mañana de su inquieto sueño, se encontró en su cama transformado en un insecto gigantesco…». Cuando leí eso, pensé para mis adentros que no sabía que alguien pudiera escribir cosas así. Si lo hubiera sabido, habría empezado a escribir mucho tiempo antes. Así que de inmediato me puse a escribir relatos. Son cuentos totalmente intelectuales, porque los escribía basándome en mi experiencia literaria y todavía no había encontrado la relación existente entre la literatura y la vida. Los cuentos fueron publicados en el suplemento literario de El Espectador, de Bogotá, y tuvieron cierto éxito en esa época… probablemente porque en Colombia no había nadie que escribiera relatos intelectuales.

 

“Gabriel García Márquez”. The Paris Review, invierno de 1981.

 

3. La fuerza de la primera línea

 

Kafka es el autor que más me ha impactado, el que despertó en mí la conciencia de que quería ser escritor. Yo ya estaba interesado, y mucho, en la literatura, pero no sabía exactamente cómo podría expresar lo que quería. La lectura de Kafka me dio claramente el camino. Era el poder atreverse a muchas cosas que otros no se habían atrevido, y no se atrevían porque no lo habían visto antes. Y dentro de Kafka, La metamorfosis. Y dentro de La metamorfosis, la primera línea. Su lectura me tumbó de la cama.

 

Encuentro con Gabriel García Márquez. Juan Luis Cebrián, 1989.

 

4. Escritor realista, no fantástico

 

Uno de mis mayores defectos intelectuales es que nunca he logrado entender lo que quieren decir los diccionarios, y menos que cualquier otro el terrible esperpento represivo de la Academia de la Lengua. Por una vez que he tenido la curiosidad de volver a él para establecer las diferencias entre fantasía e imaginación, me encuentro con la desgracia de que sus definiciones no sólo son muy poco comprensibles, sino que además están al revés. Quiero decir que, según yo entiendo, la fantasía es la que no tiene nada que ver con la realidad del mundo en que vivimos: es una pura invención fantástica, un infundio, y por cierto de un gusto poco recomendable en las bellas artes, como muy bien lo entendió el que le puso el nombre al chaleco de fantasía. Por muy fantástica que sea la concepción de que un hombre amanezca convertido en un gigantesco insecto, a nadie se le ocurriría decir que la fantasía sea la virtud creativa de Franz Kafka, y en cambio no cabe duda de que fue el recurso primordial de Walt Disney. Por el contrario, y al revés de lo que dice el diccionario, pienso que la imaginación es una facultad especial que tienen los artistas para crear una realidad nueva a partir de la realidad en que viven.

 

“Fantasía y creación artística”. El País, 9 de junio de 1981.

 

5. Una metamorfosis real

 

Debo ser un lector muy ingenuo, porque nunca he pensado que los novelistas quieran decir más de lo que dicen. Cuando Franz Kafka dice que Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no me parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que me ha intrigado siempre es qué clase de animal pudo haber sido.

 

“La poesía, al alcance de los niños”. El País, 27 de enero de 1981.

 

6. Contra el artista del hambre

 

La gastronomía con refinamientos exóticos me parece una degeneración tan vituperable como la del artista del hambre -el magistral personaje de Franz Kafka- que se paseaba por las ciudades en una jaula de exhibición, con el único propósito de mostrarle al mundo su extraordinaria capacidad de subsistir sin alimentarse. Los dos extremos son vituperables por deshumanizados y por estar en abierto e irreconciliable divorcio con la naturaleza racional del hombre. Es admirable, en cambio, el hombre que come sin avergonzarse por la calidad o la cantidad de los manjares y sin rendir tributo a la meticulosidad falsificada o temer al muy relativo cautiverio de la vulgaridad. Lo noble y humano es atragantarse, comer hasta donde alcance el hambre y con toda la dignidad de lo que se es: un animal.

 

“Diatriba de la sobriedad”. El Heraldo, 9 de febrero de 1950.